Lo simbólico, lo material y lo honorable

Esto es: , ,

Foto: Jorge Ariza (8300web)
"Lo simbólico hace a lo material", dijo el diputado Luis Sapag (MPN) en relación a su propuesta para quitar el término de "honorable" a la Legislatura de la provincia de Neuquén.

Está perfecto. El de “honorable” es un adjetivo que describe, según la RAE, a aquello “digno de ser honrado o acatado”. Es un término anacrónico que posiciona al cargo de diputado en un nivel por encima del resto de la ciudadanía, la "no honorable", común o no digna de ser acatada de la misma manera. (¿Hace falta dar algún ejemplo?)

Sin embargo, si quisiéramos profundizar en ese debate bien podríamos hablar del edificio de la propia  (y próximamente no honorable) Legislatura. Esa obra de 48 millones de pesos posicionada -literalmente- por encima de todo, alejada de los barrios, del ruido del tránsito y de las manifestaciones. Un micromundo de mármol, alfombras, despachos con vista al río y ambientes lo suficientemente amplios para recorrerlos, por lo menos, en bicicleta.

¿Cuántos escalones hay que trepar para ingresar al salón principal? ¿Cuántos guardias de seguridad hay que sortear? ¿Cuántas veces tenemos que identificarnos y a quiénes pedir permiso para golpear la puerta del despacho de un diputado o una diputada?

No importa. El proyecto del diputado Sapag tuvo dictamen en comisión y seguramente será respaldado por sus pares en la próxima sesión legislativa. Y se aplaudirá desde el recinto a donde casi no ingresa público, pero que puede verse desde internet.

"Dime dónde te ubicas y te diré quién eres: La Legislatura neuquina (o la infamia hecha edificio)", tituló un compañero hace ya varios años a una monografía. 

Un leve recordatorio de que lo material también hace a lo simbólico.



¿Quiere usted ser senador?

Esto es: ,

No se olvide de pegar muchos carteles
Roberto Arlt recomendaba, allá por la década del 30, en su aguafuerte "¿Quiere usted ser diputado?", que los candidatos exclamaran por todas partes:

- Soy un ladrón. He robado... he robado todo lo que he podido y siempre.

Consideraba el autor que era conveniente eso antes que hablar en favor de las remolachas, del petróleo, del trigo, del impuesto a la renta, la fidelidad a la Constitución, de defensa del obrero, del empleado y del niño.

No recomendaremos aquí lo mismo para no plagiar a un ícono de la literatura y el periodismo argentino, y porque, además, en las últimas ocho décadas parece que nadie se animó a seguir tal consejo.

Pero sí traemos una serie de pautas que, a juzgar por lo que hemos venido presenciando este año, le ayudarán a ganar una banca en el Congreso o, al menos, presentar una digna contienda.

Prepare un slogan con la palabra Neuquén o su variante, neuquino (ésta genera mayor identificación). Casi cualquier verbo o sustantivo que lo acompañe puede servir.

Sonría. Trate de incorporar, si usted no ha sido beneficiado con los estándares socialmente aceptados de belleza, un compañero o compañera de formula que sí. Si piensa que no es lo suficientemente conocido o conocida, incorpore a su campaña un referente de su signo político con mayor visibilidad (no es necesario que se candidatee a nada).

Evite hacer propuestas, debatir, o dar detalles de su plataforma electoral. La mejor publicidad es la que vende el producto con la sola marca, que en este caso será su nombre o partido. 

Asegúrese de enviar, por lo menos, dos gacetillas de prensa al día. No importa si no tiene nada nuevo que agregar, cualquier frase dicha por usted o su compañero o compañera de fórmula sirve para titular un correo electrónico.

Incluya en sus discursos palabras movilizantes como "fuerza" , "historia", "destino", "coraje" y añádale un tono de voz vehemente y firme. Agregue papelitos. 

Por último el día de las elecciones vaya a votar con alegría y responda las preguntas de la prensa (esto es muy importante porque necesitamos tener algo que decir hasta la hora del recuento). Puede añadir alguna denuncia sobre robo de boletas, pero es opcional.

Elija un lugar donde esperar los resultados que, necesariamente, deberá contar con un grueso número de militantes para acompañar el veredicto. 

Buena suerte y nos vemos el domingo.


Comunicación fática

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Escribir porque los dedos son ágiles y para que las ideas no dejen de serlo. Porque es imperioso, aunque no haya nada para decir.

Escribir como se habla en la fila del supermercado, en la sala de espera del médico, bajo una garita hasta que pasa el colectivo. Escribir el "cómo andás" para recibir el "todo bien".

Escribir porque existe la comunicación fática, eso que decía Daniel Bougnoux en el primer texto que leí en la facultad y que subrayé primero con lápiz y después con resaltador verde.

Escribir para mantener el canal abierto, para establecer contacto. Escribir un blog a pesar de Pablo Feinmann. Escribir porque es gratis, y a pesar de ello.

Escribir porque los dedos todavía son ágiles, pero las ideas pueden dejar de serlo.

Escribir porque es necesario. 

Porque la angustia tiene forma de página en blanco.




Sobre enero

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El sol de enero


Enero y su ola de calor. Enero, el mes de la ropa pegada al cuerpo, de la nuca transpirada, del pelo que molesta, de buscar sombra sin suerte en una ciudad deforestada.

Qué entretenido observar la cara de la gente cuando sube al colectivo. Una cara como suplicante, entre una sonrisita de "por fin llegaste" y una insoportable opresión. Del calor de enero.

Tres pasitos hasta apoyar la tarjeta se hacen mucho y cuestan. Mientras el de abajo ruega, sin decirlo, que se apure, que afuera está el infierno.

Así van subiendo las caras suplicantes-sonrisitas-opresión que buscan lugar para sentarse (si hay) del lado que dé la sombra. Y que no dudarán en volver a cambiar (si pueden) en caso de que al sol se le ocurra cambiar.

La cara de la gente que sube al colectivo, piensa y escribe la que tiene cara, subió hace dos paradas con una botella de agua semivacía y caliente al colectivo, y que (está casi segura) también es gente.

La cara de nosotros y nosotras en enero. Las conversaciones de enero. La plancha de enero. Las vacaciones de enero. Los que se quedan en enero. Las birras de enero. La ola de calor de enero. Las noticias de enero.

La tapa de los diarios con la gente en el río. La tapa de los diarios con la gente en Las Grutas. La tapa de los diarios con la gente en cualquier playa.

Los consejos de los médicos para evitar los golpes de calor. Las notas sobre los consejos de los médicos para evitar los golpes de calor. La apertura del noticiero con el tema de Calamaro. La actualización de la radio con la temperatura de enero.

El vacío de enero. Las licencias de los funcionarios en enero. El río en enero. El silencio de los redoblantes en enero. Lo previsible de enero.

Las noticias de enero, piensa y escribe -ya bajo el colectivo, con otra cara y el ventilador andando- un posteo para su blog sobre enero. Para no ser menos.


Elegir el Nunca Más

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"Todo en concurso real", dice el juez y toma un sorbo de agua. Va a ser uno de varios más. Como si la injusticia fuera un trago difícil de pasar, o de leer.

Lo es.

- Viste, y nos decían locos por putear contra el tribunal en el juicio. Ahora ven...

En el salón verde de AMUC se quedó el "Nunca Más" atragantado en las tripas. Porque ocho meses de debate oral y público para juzgar a los responsables de crímenes de lesa humanidad en Neuquén y Río Negro terminaron con ocho absoluciones y trece imputados con penas menores. Con un llanto desconsolado. Con una defensora sonriendo de costado. Con insultos de víctimas a grito pelado. Con miradas cansadas. Con cuatro huevazos en la puerta del tribunal.

"Esta es una justicia de clase", dijo Lolín y qué dudas quedan. Si los "caballeros" cumplirán condenas en sus casas, y otro puñado quedará libre.

Un defensor se levanta en medio del veredicto y sale a hablar por teléfono. Una casi podría imaginarse el llamado: "zafaste, viejo". Si después hasta se confesó contento "como perro con dos colas" por la absolución de su representado.

Aquí el Tribunal Oral Federal integrado por Orlando Coscia, Eugenio Krom y Mariano Lozano dio su veredicto, que podría traducirse así: que no hubo un plan sistemático, que no hubo genocidio, que hubo testigos que podrían no haber dicho la verdad y por ello deben ser investigados por falso testimonio, y que los policías de Río Negro no tuvieron nada o casi nada que ver con el terrorismo de Estado. Sus condenas fueron por asociación ilícita, privación ilegal de la libertad y aplicación de tormentos, en algunos casos agravada por ser el resultado "la muerte de la persona". Ni más ni menos.

¿Y ahora?

Y ahora.

Lo mismo. Marchar otra vez, repetir las consignas, sostener la mirada, levantar el mentón. Ese que no pudo sostener el presidente del cuerpo, entre sorbo y sorbo, mientras leía casi con desinterés -o incomodidad- aquel fallo histórico.

"No importa si es un año, cinco, diez o cincuenta", dijo Oscar Ragni y algunas y algunos no estamos tan convencidos. Pero decretar el fracaso del juicio sería pisotear el esfuerzo de los testigos, la reconstrucción de la memoria. Sería pensar que la única verdad es la verdad jurídica y sabemos que no. Aquí la verdad es histórica y la cuentan quienes la sobrevivieron.

Al menos, aquella en que elegimos creer.


+ sobre el juicio Escuelita II


Cacerolazos de otro Neuquén

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- ¿Y ahora qué hacés? - le preguntó el hombre; mediana edad, mediano status.

El otro mira alrededor, evalúa. Se va a ir. La mayoría de los antes concentrados ya enfilan la Avenida Argentina para marchar, pero él se queda. Hizo un poco de ruido, acompañó de pie frente al monumento. Hora de volver.

Un par de mujeres también se quedaron. No llevan cacerolas en sus manos. Cuando la multitud se empieza a dispersar eligen un banco -una estructura de cemento, en realidad- y se sientan a conversar, divertidas. Todavía descansan sus lentes de sol en la cabeza.

Clin, clin, clin. Algunas son cacerolas, pero hay una mantequera y un par de anillos sonando contra los postes metálicos de luz.

- ¿Por qué es la marcha?
- Contra Cristina
- ¿Contra qué de Cristina?
- Contra su dictadura; este gobierno se parece cada vez más a una dictadura.

La joven quizás no se enteró que unas diez cuadras más arriba, en el Salón Verde de Amuc, desde el 28 de marzo y hasta el 11 de septiembre, decenas de testigos se ocuparon de describir dolorosa y detalladamente lo que fue una dictadura. La última que sufrió el país.

- ¿Esta es la marcha contra el gobierno?
- Sí: contra la corrupción, la inseguridad y la falta de libertades
- ¿Qué libertades?
- De hacer lo que queramos con nuestras cosas, como comprar dólares.

Entre las cabezas asoma un cartel: "CRISTINA NO TE VAYAS CON CHAVEZ. ANDATE CONCHUDA".

Enfrente, el general San Martín muere de vergüenza. Un poco más adelante, la catedral que supo alojar a uno de los luchadores más grandes de Neuquén, Don Jaime de Nevares, también. "Dejen abiertas las puertas de la Catedral que alguien vendrá a refugiarse", reza el cartel que recuerda su frase del 23 de marzo de 1976. Cuando se avecinaba lo peor.

¿Dónde estarían ellos cuando reprimían trabajadores en Salta? ¿Oyeron del asesinato al militante jujeño, la semana pasada? ¿Saben que en esta provincia hay más de 1400 causas judiciales contra protestas sociales? ¿Que quedan miles de estómagos sin alimentar?

Si con algo puede sacar pecho Neuquén es con su capital político. Su reputación de capital de los Derechos Humanos se la forjó con sus manifestaciones en el corazón de la ciudad, su avenida gastada por el paso firme de las marchas, sus gritos de justicia irrumpiendo en las paredes, haciéndose lugar en las veredas. Sus cuadros indiscutibles: Inés, Lolín, Don Jaime, Fasinpat y tantos más.

Esta noche de jueves todo es distinto. La desesperación de mirar hacia los lados y chocar con egoísmos.

Un poco más acá, una señora arría su caniche de prolijos rulos blancos y sigue camino. Se va a marchar por seguridad. Bajo de sus pies queda un stencil de Matías.





Presente continuo

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- ¿Y quién lo tapa?- dice la mujer, curiosa, al doblar la esquina de Yrigoyen y San Martín.
- Y... el intendente- le responde el hombre a su lado.

La conversación sigue su curso lejos de los oídos de esta observadora, pero ese primer verbo queda resonando. No el verbo en sí, sino su conjugación.

La mujer dice "tapa", en presente. No utiliza el pretérito perfecto simple porque hacerlo implicaría dar por terminado el asunto: él tapó, ellos destaparon. No. El presente indica que eso está pasando ahora: él tapa, ellos destapan. Las veces que sea necesario.

La pareja en cuestión -el lector o lectora local ya se habrá dado cuenta- se refiere al anfiteatro de Neuquén. Ese que por "abandonado", "covacha" y "aguantadero" fue enterrado por las topadoras amarillas que dominan la escena política municipal. Lo que no gusta, lo que molesta, lo que no es negocio, lo que es verde termina derribado por las máquinas que se llevan puesta más de una ordenanza en el camino.

Son casi las 20, es agosto y hace frío. En frente de la farmacia de una de las familias más poderosas de Neuquén todavía hay palas y hay música. Hay guirnaldas de colores. Como la señora que preguntó en presente, muchos más que pasan miran a los desenterradores con curiosidad como si formaran parte del city tour de la ciudad. Un pedacito de los '60 lleno de amor, arte y buenas intenciones.

El viejo anfiteatro de Neuquén se tapó para construir un estacionamiento primero, hacer un "espacio público despejado" después y reemplazarlo por un anfiteatro nuevo, por último. Aplausos y ovación de pie: destruir para construir. Capitalismo para principiantes.

Son cuestiones que parece que aquí y nada más que aquí pueden pasar. Que 11.158 usuarios de Facebook apoyen el desentierro, cientos de personas trabajen durante tres meses para lograrlo, y que, un lunes por la madrugada, un par de máquinas reviertan todo a cero. Y que los cientos vuelvan a empezar.

Neuquén da para todo. Para el grueso petrolero que sale a pasear al shopping de J.J. Lastra y para los hippies que desentierran con palas una fosa de 1,29 metros de profundidad. Para las pantallas leds iluminando la miseria, para los móviles policiales 0 km disfrazados de plan de seguridad, para los heladeros peleando por un pedacito más de mercado. Para las fábricas recuperadas, los juicios históricos y las torturas en las cárceles. Para pornofuncionarios, funcionarias hot y bigotes haciendo campaña en los paredones. Para anfiteatros tapados y destapados dos veces.

Neuquén será la ciudad del millón de habitantes, fue la puerta de la Patagonia y es la ciudad que motiva. La del millón de problemas.

Bienvenidxs.

Foto de Emiliano Ortiz en Recuperemos el anfiteatro del Parque Central









De la velocidad selectiva de las horas

Esto es:



Pasa los sábados, pasa los domingos. Pasa en la semana. Pasa siempre que no querés que pase. Son las horas que se instalan, se detienen, ralentizan. Se amodorran sin preguntar, sin reparar en la urgencia de quienes las miramos, ansiosas, esperando verlas avanzar.

“El tiempo vuela cuando te divertís”, dicen. Y ese mismo tiempo se detiene a tomar mate, echarse una siesta y leer una novela cuando la estás pasando mal. Cuando las mirás porque las necesitás en un número determinado y ellas siguen ahí, quietas.

¿Quién determina la velocidad de las horas? ¿Quién se hace cargo de regañarlas cuando se distraen para volverlas a su ritmo normal?

Hay un tema con las horas y es que no les interesa nuestro apuro. Dirán que es psicológico -como la preocupación por la caída de las cenizas (¿se acuerdan?)-, dirán que es una sensación -como la de “inseguridad”-, pero que molesta, molesta.

Que avancen.
Que pierdan conciencia, se atiborren de apuro.
Que salven esta tarde…




¿Y cuando es al revés? Cuando necesitamos esa pereza para aprovechar cada instante, cuando los minutos no alcanzan, cuando ellas se obstinan en seguir. Seguir avanzando. Mientras el día cae, la noche obliga, la madrugada amenaza.

Deténganlas, ya mis piernas flaquean
Que aguarden, que no está todo hecho
Que miren hacia atrás
Que salven esta noche...


Hay un tema con las horas, y es que son independientes. Indomables. Ajenas a nuestras presiones. Quizás no quede más que rendirnos ante ellas y, ante su capricho, enarbolar bandera. Sean ustedes libres de marchar a su gusto. Ya encontraremos la manera.


De la tiranía digital a la anarquía organizada

Esto es: , , , , , ,



El auditorio del diario Río Negro estaba frío, otra vez. Pero también lleno, como el año pasado. Porque podrán decir que el blog pasó de moda, pero este encuentro no. El Roca Blog Day repitió el éxito de 2011 y con él, se instaló cómodo en la agenda del Alto Valle como evento representativo, abierto y prometedor de la región.

Será por su despojo academicista, el relaje de sus sillones rojos, la informalidad de las presentaciones que nada tienen que ver con la lógica de la papercracia. Que levante la mano el que vino por el certificado y que haga lo mismo el que vino para aprender, compartir y encontrarse con amigos. Verán que los últimos somos muchos muchos más.

Muchos con caras conocidas (sí, caras, no avatares) y muchos practicando la desvirtualización, también. Ese término que nos inventamos para describir la situación donde una dice "yo soy @fulanita" mientras la otra persona dice "ahhh" y saluda con un beso artesanal. De ese que le gustaba tanto a Benedetti.

El bajo de Gustavo Giannini cierra la jornada y dan ganas de desenchufar todo y armar otra fiesta.

Lo bueno del evento -después de las ponencias, claro- fueron las fallas tecnológicas. Sí, esas que nos hacen recordar que, por más expertos que queramos parecer, seguimos siendo humanos. Después de todo, algún filósofo ya dijo que "no hay motivo para sostener que la razón sea atributo exclusivamente humano"... y más de uno se horrorizó. Así, los videos que no cargaron, la red que se desconectó más de una vez y el pánico confieso (y compartido) del expositor cuando saltó error en la presentación de su charla humanizaron el evento. Parece que, en este siglo, la pesadilla del desnudo escénico no es nada comparada con el cartelito de "error" proyectado en pantalla gigante.

Y si en 2011 hablaba (en broma) de tiranías digitales, la conclusión durante y después de este 2012 fue una sola (y en serio): revolución.

No hubo expositor o expositora que no llamara a una especie de revuelta popular/virtual de la mano de las nuevas tecnologías. Dijo Franco Piccato: "nos podemos organizar sin organizaciones". Dijo Federico Sánchez: "tenemos derecho a ser anónimos", y como quien no quiere la cosa nos dio el ok para piratear en la web. Casi en sintonía con Beatriz Busaniche que instó a defender las libertades ganadas que ahora nos quieren arrebatar los inventores de aberraciones jurídicas como "ciberdelito", de leyes SOPA, de tratados como ACTA y de censura de descargas. Davo Galavotti nos invitó a buscar aventuras digitales. Y Juan Mascardi nos incitó a una "experiencia anárquica". "¡Hagan lo que quieran, estamos en etapa de exploración!", defendió. De eso se trata, entonces. De revolucionar la web y revolucionarnos a nosotros mismos y nuestro entorno real en el camino. Porque la web es herramienta, y herramienta es artefacto simbólico, siempre con capacidad transformadora. Así que armemos un grupo en Facebook, y después destapemos el Anfiteatro con palas. Y creemos hashtag de protesta, pero después pongamos el cuerpo en la calle. Como los compañeros que nos pusieron la piel de gallina con su cobertura del juicio histórico de Neuquén.

Quizás el año próximo, más que de problemas, estaremos hablando de las soluciones construidas. Y de nuestra anarquía organizada.

Gracias por asegurarle a este blog, al menos, un posteo anual.


+ info

Sitio oficial
Roca Blog Day en el Diario Río Negro
Cobertura de estudiantes de #pdcomahue





Abusos

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Miércoles. Calle Teodoro Planas, casi Avenida Olascoaga de Neuquén. Seis de la tarde pasadas. Dos policías aburridos deciden que el chico que pasa por enfrente de ellos se merece un cateo ilegal en la vía pública. Que el hecho de portar armas en su cinturón y llevar botas negras y un uniforme azul los habilita para hacer gala de su “poder” de amedrentar. De hacer una demostración pública.

Lo dan vuelta contra la pared. Lo empiezan a tocar...

Media cuadra más arriba, en la transitada multitrocha, casi ocurre un accidente. No importa, no estaban mirando. Ellos se encargan de otras cosas. De revisar los bolsillos de este muchacho, por caso.

Revisar los bolsillos de forma ilegal. Ilegal como pedirle el documento sin pretexto. Ilegal como sus manos en las piernas del joven, en el torso, sobre y debajo del pantalón, de la remera. Bajo, bajísimo como lo que le dictan al oído.

Lo tocan por turnos. Un poquito uno, mientras el otro mira el documento que el joven entregó. Después cambian y él toca también, las piernas, los bolsillos de nuevo. Por las dudas de que al anterior se le haya escapado algún detalle.

Sólo cuando, 10 minutos más tarde, se dan por vencidos, lo sueltan. El pibe se guarda sus cosas en los bolsillos de nuevo y sigue su marcha, confundido. Los policías lo hacen también, en dirección opuesta, hablando entre ellos de quién sabe qué.

Imaginar ese diálogo no podría más que sulfurar este escrito.

Es que indignación es poco. Es un poco más que bronca. Hacia ellos y hacia mí misma, por no haber hecho nada. Por no acercarme a preguntar “¿eso que están haciendo no es ilegal?”.

Será que el “no te metás” ha calado más hondo de lo que pensábamos. Y será porque muchos motivos que engendraron esa frase -este miércoles se demostró- también.


La foto es de archivo y meramente ilustrativa.




8 de marzo

Esto es:



Soy mujer y trabajo. No me digas feliz día.
No me regales flores.
No me cedas el asiento en el colectivo por mi género. Puedo aguantar un viaje parada, igual que vos.
También abrir puertas y correr la silla en la que voy a sentarme.

Respetame.

No me dediques un tema de Arjona.
No nos digas hoy, por ser 8 de marzo, que somos especiales si mañana te voy a ver en la calle objetivando a una mujer con un silbido.
No me llames musa, ni me definas en función tuya.
No somos complemento para un Adán aburrido.

No me discrimines. 
Tratame ni más ni menos como lo que soy, tu equivalente.

Porque el 8 de marzo existe porque existe la desigualdad.
Y aunque soy mujer, y trabajo, no quiero tu feliz día.

Feliz será -seremos- el día en que ya no haga falta que tengamos un día.



City of blinding lights

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Foto: Facebook de Neuquén al Instante

Que el intendente de la ciudad de Neuquén, Horacio "Pechi" Quiroga, sea fanático de la banda irlandesa U2 no es algo que me hayan confirmado, sino algo que me inventé para encontrarle sentido a sus últimos anuncios.

Es que entre corredores viales, estacionamiento y asfalto nuevo, el mandatario capitalino hizo un lugar para expresar su intención de hacer de Neuquén una city of blinding lights. De esas que vemos en las películas de mucho presupuesto del "primer mundo".

Las pantallas led en las paradas de colectivo serían sólo el comienzo. Una se puede imaginar así a Neuquén convertida en un futuro próximo -lo que se tarde en colocar las pantallitas- en la ciudad de luces cegadoras que encandilaba a Bono y compañía en How to dismantle an atomic bomb.

Corazón de neon, ojos fluorescentes
Una ciudad iluminada por luciérnagas
Están publicitando en el cielo
para la gente como nosotros...


Publicidad hasta en las nubes. Contaminación visual para guardar y repartir.

¿Se imaginan las casillas monocromáticas de la barda -esas que gritan "emergencia habitacional" sin que se las escuche- luciendo de un día para otro brillantes anuncios en soportes importados de 1500 dólares?

Ahora imaginemos la multitrocha elevada con filas y filas y filas de autos dejando a su paso estelas multicolores de 120 km/h. Y una ciudad cada vez más imposible de alcanzar para los peatones a oscuras. La muralla china temida.

Pensemos también en las luces nocturnas proyectadas por el autocine del Balcón del Valle, instalado en tierras de la Universidad pública, ahí donde las aulas no alcanzan y el presupuesto tampoco.

La ciudad de luces cegadoras sería esa que encandile de noche al turista distraído que no sabe que, a la sombra, quedaron niños haciendo malabares en los semáforos por una moneda. Que barridos bajo quién sabe qué alfombra, quedarán las más de 400 "personas que lavaban vehículos en la vía pública" como modo de subsistencia. Que bajo esos leds costosos habrá, rodeando una oxidada garita, una veintena de vecinos llegando tarde a sus destinos mientras esperan un colectivo que no pasará. O que un día de invierno una casilla de madera y cartón se iluminará con luces diferentes y arderá de pobreza en un asentamiento del oeste, cansado ya de ver cenizas.

Cuanto más ves
menos sabés...

...dicen los U2. Esperemos que, al menos, nos veamos tan bellos como dice la canción, en la ciudad de las luces cegadoras. Premio consuelo.


La cara del arroba

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Dicen los manuales de periodismo que para que un acontecimiento sea noticia debe cumplir con alguno de estos tres requisitos mínimos: ser novedoso, relevante para la audiencia, ser interesante. 

Bueno, éste cumple, al menos, con el primero.

Desvirtualizar no es una palabra que figure en el diccionario de la RAE. Es un concepto nuevo, inventado en la urgencia por nombrar la realidad del ahora, de lo que nos está pasando. Se sabe, en teoría de la comunicación: las cosas no existen sino hasta que son nombradas.

El término aludido cobra sentido en este mundo emergente cuando se decide abandonar la interacción mediada por tecnología y llevarla al plano tangible. Al cara a cara a veces devaluado, a veces hecho a un lado por comodidad, por distancias, el ímpetu de lo nuevo.

Dicen por ahí que no se trata de despojar al interlocutor de su faceta virtual -y agrego que tampoco se trata de conocer al "verdadero"-, sino de completarlo. Agregar la cuota de contacto físico "real" que, como seres sociales, necesitamos.

Es en un gesto, una mirada, un beso en la mejilla, una birra compartida que el proceso de desvirtualización rinde sus frutos, culmina (culminación como alcanzar el punto álgido de una cosa, no necesariamente terminar), arrebatando el arroba por una sonrisa.

Mucho de eso hubo un miércoles, en un bar de mesas "afuerita" con el peso de enero y sus más de 30° C nocturnos en Neuquén. Una primera sensación de "raro" que se diluyó al advertir que las personas que gesticulaban y prestaban voz a los antes avatares estáticos eran los mismos con quienes se ha establecido una cotidianidad de "verlos" -¿leerlos?- casi todos los días.

Desvirtualizar no quita el misterio -por si algún ortodoxo y ortodoxa tiene la duda-. Es hasta recomendable. Dejar el chat, el mensaje, extender los 140 caracteres y cambiarlos por un par de horas de conversación.

Y para alguien que llegó a Twitter por obligación, pero que se quedó por decisión propia, es una razón bastante convincente para seguir estando.



Bailando por un decreto

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El "ya" son los padres. No me lo creo más. La inmediatez prometida con tan simple monosílabo, como el Papá Noel que baja todas las navidades por la chimenea, es un invento. No existe.

Y si alguien piensa lo contrario que pruebe hacer un llamado a la oficina de Leyes y Decretos de Neuquén. Y que después cuente cómo le fue.

Leyes y Decretos es un brazo más del Estado provincial cuya función es facilitar el acceso a -justamente- leyes y decretos de la provincia. Es, según lo definieron sus empleados, la "última partecita" de las normas: el famoso archívese.

El procedimiento para acceder a tales documentos es -debiera ser- sencillo. Se llama al número de teléfono de la oficina, se indica la norma buscada y se deja un correo electrónico a donde Leyes y Decretos enviará el pedido, de manera casi instantánea.

Bueno, eso en teoría. Porque las frases "ya te los envío", "en un ratito los mando", "los estoy enviando" son repetidas al hartazgo por el personal, hasta que pierden sentido. Hasta que el usuario habitué y la persona detrás del teléfono oficial establecen una especie de complicidad tácita: uno sabe que está mintiendo, el otro sabe que le están mintiendo, pero no confronta. Corta amablemente el teléfono y espera.

Al principio, para todo novato suele ser fácil. El problema comienza cuando uno se hace llamador o llamadora frecuente. De esos a quienes los empleados reconocen el correo electrónico y, por ende, cansados de tantos pedidos, se animan a preguntar: ¿Y vos de qué Ministerio sos? ¿De dónde llamás? Como si falta hiciera justificar por qué uno quiere leer el decreto que indica cuánto dinero paga el Consejo Provincial de Educación para alquilar un edificio que apenas usa. O por qué declara de interés provincial el concierto de Raúl Di Blasio o, si vamos más lejos, cómo se gestó, aprobó y cuánto costó el Plan de Seguridad de Sobisch.

Y así queda uno actualizando tres veces por minuto la bandeja de entrada sin suerte. Esperando el milagro que dija "un mensaje nuevo". Uno o los que sean. Todos los que decidamos pedir.

El acceso a la información pública es un derecho constitucional y una de las mayores deudas del Estado neuquino. La hegemonía unipartidaria que la gobierna casi desde su nacimiento supo hacer de la provincia una fortaleza de secretos y arbitrariedades abierta sólo para unos pocos.

La insistencia, la búsqueda y la paciencia son vitales y necesarias para que ciudadanos y ciudadanas hagamos respetar nuestro derecho. Mal que le pese a quienes estén del otro lado, no hay otra opción que seguir llamando, pidiendo, molestando y recordándoles que esos papeles que hoy les tocó tener son tan de ellos como tuyos y míos. Y que si los pedimos ahora es porque los queremos ahora y no mañana, pasado o "en un ratito" que, sabemos, significa que no llegará nunca.

Si querés probá: 
Leyes y Decretos +54 (0299) 4495120

+ info
Por favor, ¿me pide un decreto?, por Guillermo Berto


Aquí están, éstos son

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Foto: Pablo Frizan


Al viento del domingo nadie le avisó que no hacía falta su ayuda para soplar las 10 velitas de Fasinpat. O le avisaron y quiso estar igual. Como quisieron estar los 15 mil o 20 mil invitados que festejaron junto a los obreros y obreras una década de recuperación del trabajo. De ese que sí dignifica.

10 años de gestión sin patrón ni explotadores. De desparramar solidaridad e inspirar canciones. Como la de Arbolito que entre vientos y acordes, invita: si pasás por Neuquén no te olvides de irlos a conocer. Haceles caso.

El festejo del domingo 20 de noviembre fue de 7 recitales que, en realidad, fue uno solo. Largo. Los invitados que no se querían ir y las bandas que tampoco. Como Manu Chao y sus 7 despedidas. Aquí no pegamos los ojos, decía el audio que se repitió cada vez. Fue cierto.

La casa casi que les quedó chica pero nos acomodamos todos. Cuando el corazón es grande... dicen. Más de uno se habrá quedado esperando el incidente. Tomá: 20 mil pibes amontonados en un remolino de pogo y ni un mal momento. Y una se pregunta qué pasaría si los 24 de marzo nos dejaran cuidarnos solos, y demostrarle al Estado que ya estamos grandes. Que no necesitamos su niñera violenta.

Teníamos el permiso de nuestras Madres: diviértanse, nos dijeron Inés y Lolín, después de enseñarnos un poquito más. Como hacen siempre. Como hizo también Bárbara Brito, que cruzó la cordillera para recordarnos que si no vamos por todo, no conseguiremos nada. Gracias. Y a Raúl Godoy, Alejandro López, y todos y todas las que, vestidos de gafa demostraron, una vez más, que la cosa marcha bien.

Y que va a andar mejor, porque Zanón es cada vez más -si acaso es posible- del pueblo. Pueblo que ya no es el Neuquén que acompaña en las marchas, sino Argentina, Alemania, Francia, Italia, España, México y todos quienes en presencia real o simbólica adhirieron al festejo.

Igual esta es una crónica innecesaria. Ya se dijo todo lo que se podía decir y se sintió todo lo que no se podía explicar. Así que esta es y será sólo una tarjeta de salutación más.


Para Zanon, la Fábrica Sin Patrones: 


Que siga la lucha.

¡Y que cumplan muchos más!



Volver

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Volver. Cruzar los dedos para que pase a tiempo un colectivo. Subir a uno y cruzar los dedos otra vez, para encontrar un espacio entre la maraña de gente que la empresa monopólica arría hacia el centro.

Volver y que un hombre se muera porque un pedazo de barda se le derrumba sobre el cuerpo mientras duerme.

Volver y que llueva lo que no llovió en todo el año. Empaparse con las calles anegadas del centro y embarrarse hasta la rodilla en las del oeste, esas donde no llegaron los planes de asfalto de ningún intendente.

Volver a tus veredas sucias, a tus políticos descarados sonriendo en cada globa de la Avenida y a la corrupción de un Estado-partido que brota desde cada bocacalle.

Volver y encontrar a los policías de a pares, en todas las esquinas, escuchando los murmullos de vecinos que explican a quién y por qué vieron sospechoso en un tramo cualquiera de la mañana.

Volver, apenas poner un pie en el centro y escuchar redoblantes junto a una multitud de estatales que cortan una calle. Y los bocinazos de quienes desearían que esos estatales aceptaran sumisos la precariedad laboral que el gobierno les ofrece.

Volver a tus contrastes, a los edificios millonarios junto a las tomas urgentes. A la complejidad de tu rápido y tortuoso crecimiento. Volver a tus paredes reclamando justicia: cada vez con más nombres, cada vez con más fuerza.

Volver a los artesanos en la Avenida y a la economía social en la Vuelta de Obligado y 1° de Mayo. A encontrarse "en el monumento". Los pies en la escalera, la mirada al cielo y San Martín de testigo.

Volver, y no ver nada distinto. Volver y disentir con los hermanos Berbel. Pero, a pesar de todo, y por todo eso y más, volver a Neuquén.


Mugre

Esto es: , , , ,

Que hoy viene “el Jefe”, dicen. Que hace tanto que no viene por estos lados. Que se han puesto la mejor pilcha, que se han maquillado. Que se lamentan, porque el viento implacable en este barrio rural de Roca hace estragos en sus pelos sueltos y distorsiona todo su atuendo.

- Necesito hablar con Cesar, haceme de puente - dice una.
- Si, vos no te hagas problema - contesta la otra.

Miran al costado, detectan un anotador y, como quien no quiere la cosa, suplican: “esto no lo pongas en la nota”.

Son más de las dos de la tarde. La escena está perfectamente orquestada en Chacra Monte. Hoy es Chacra Monte pero podría ser cualquier otro lugar. Las filas de oficiales preparados para el acto protocolar, con abanderados, instrumentos y todo. La cinta celeste y blanca que, a su corte, coronará el acto para el cual nos convocaron. Y las otras filas. Las de “los vecinos que se acercaron”. Los vecinos que llegaron en los colectivos que preparó el equipo de la precandidata a intendente del partido.

A lo lejos están apostados los cuadros más jóvenes. Vienen con redoblantes que esperan la señal para comenzar a tocar. Un par de miradas, un movimiento de mano y entran como murga. Pero sin la alegría. Porque van guionados, son parte de esta coreografía política que alguien de más arriba ha organizado.

El Jefe llega, y viene seguido por su delfín. Besan un par de caras al tun tun. Entre ellas van esas caras maquilladas que se habían preparado especialmente para recibirlos. Una conversación rápida al oído y yastá.

- Listo, ya hablé - dice una, mientras otra se lamenta porque no pudo recibir el contacto esperado. Ya habrá oportunidad.

Pasa el discurso oficial y el gobernador insiste en expresar lo contento que está de volver a “Chacra de Monte”. Parece que, entre tanta algarabía, alguien olvidó avisarle que el barrio se llama distinto.

El destacamento policial de dos ambientes prefabricados que han venido a presentar queda oficialmente inaugurado entre aplausos. Nadan aquí otros delfines y las señoras dan órdenes a los muchachos de los redoblantes: Que hagan un poquito de bombo para éste. Que hagan ruido para aquél. Que no se queden dormidos.

Las autoridades llaman a “recorrer las instalaciones”. Se ingresa por su única puerta, se mira para aquí, se mira para allá. Listo. Los 83 m2 se recorren en dos vistazos. Adentro, hierve el caldero. Las vecinas rodean al delfín para sacarse fotos y pedir favores, que el candidato no duda en prometer. Un papelito del IPPV por acá, un secreto más al oído.

- Hablá con Fulana -
- Gracias, Cesar - se va la vecina agradecida.

No hay dudas de que el viento ha llenado de mugre la jornada. De esa que la naturaleza y las calles sin asfaltar levantan del suelo en un remolino de polvareda. De esa que deja el pelo duro y las orejas arenosas.

Y de esa otra, que se hace (mal) llamar política. De esa que ensucia la militancia y ha sabido conducir al fracaso los destinos de pueblos enteros.

Sabrá quién qué Dios los crió. Pero el viento, este 5 de agosto, los amontonó a todos.


El niño y los ladrillos

Esto es: , , ,

Vamos a pensar que su nombre es Juan.

Juan despertó una mañana de mayo con una tarea pendiente. En Barrio Nuevo de General Roca la vida transcurre lenta y desconectada de los accidentes diarios y los transeúntes apurados del centro de la ciudad. En Barrio Nuevo tampoco hay de esas rotondas que pululan a rolete en el resto del mapa urbano. La mayoría de las calles son de tierra y en esta mañana descripta les ha tocado recibir cantidades de vecinos que cruzan de vereda en vereda buscando el pan para inaugurar el desayuno, o para remojar el tuco del almuerzo que servirá para aplacar el frío otoñal.

En este barrio está Juan comenzando su tarea. No hubo escuela para él, esto es otra cosa. O quizás concurra a la tarde. Sólo hay especulaciones en esta narración de observadora distante a quien la ¿suerte? y un motor recalentado obligaron a detener en este barrio populoso del noroeste de la ciudad.

Unas cuadras más allá Juan levanta dos, tres, hasta seis ladrillos. Su cuerpo es pequeño y su edad no debe superar los 9 años. Pero ha demostrado que con ellos puede, y debe. Son dos pisos de escaleras los que debe subir para ubicar los bloques anaranjados en la estructura en construcción que los precisa. Está solo, alguien le ha encomendado el trabajo para que esté listo a su llegada.

Juan, obediente, arranca con los primeros seis y sube, con prisa, los escalones. Está muy lejos de concluir. En el suelo todavía le aguarda una pila numerosa de ladrillos por levantar. La bajada también será rápida. Le urge terminar y volver al abrigo de quién sabe cuál de todas las casitas amontonadas en la cuadra barrial. Porque le ha tocado una jornada de viento, habitual y molesta en estos lados de la Patagonia, en esta época del calendario.

Juan toma con sus manos de niño unos seis ladrillos más y emprende una nueva subida. La vuelta será esta vez más penosa. Se nota en su andar acompasado. Sabe que la próxima será aún más difícil. Subirá una escalera y otras más, levantará el peso con el que apenas puede lidiar. Perderá un día más de escuela o una mañana más de jugar.

A Juan hoy le tocó esta tarea. No es de escuela, esto es otra cosa. La única matemática que tendrá que hacer es la de seleccionar cuántos bloques podrá levantar.. y, si ha tenido las clases suficientes, calcular cuántos restan para poder terminar.



Más información

Quinceañera

Esto es: ,

Foto: http://ambushstudio.blogspot.com
A la quinceañera los zapatos le pesan. Son demasiado elevados. La quinceañera no sabe caminarlos. Le ha tocado asumir el personaje de "mujer" en este día de mayo que de otoño ya no tiene nada. Camina con pesar y con frío evitando el pasto húmedo que no pide permiso entre las veredas angostas del Parque Central

El viento azota firme, pero despacito, mientras la quinceañera trata de cubrir su torso demasiado expuesto con la suerte de capa que le han diseñado para la ocasión. El aire patagónico es frío y la quinceañera está demasiado cerca de las cascadas de agua de red que imitan el Mar Argentino en el centro de Neuquén.

La quinceañera usó zapatillas hasta los catorce. Y apenas 15 minutos antes de vestir con las galas propias de una fantasía de Disney o de la familia real que la obligaron a elevarse 13 centímetros sobre el nivel del suelo. La quinceañera usó zapatillas hasta los catorce y a los quince las seguirá usando. Y a los dieciséis. Y a los diecisiete. Lo de la quinceañera es una noche. Un disfraz de señora sofisticada con pestañas grandes, maquillaje para disimular las imperfecciones que a los catorce no existen. Y las cejas depiladas de golpe, porque hasta los catorce fueron naturales.

La quinceañera lleva detrás una comitiva de familiares ansiosos. Y un fotógrafo delante que la obliga a olvidar el frío y le indica poses de muñeca entre las sendas asfaltadas del paisaje obrado por la gestión municipal.

Y en la noche del sábado, los flashes pestañean. La quinceañera cruza una vereda y se encuentra con otra de igual especie. Sus miradas confunden inseguras crítica y empatía. No se deciden. Optan por esbozar la sonrisa que mantedrán toda la noche. Con suerte, sin ortodoncia.


Highway to hell

Esto es: , , ,

...y la multitud que mira toda apretada
como corderos colgados
y yo pienso que si vamos a rebelarnos
¿Ahora?
Matemos al chofer
y a los milicos
que viajan sin pagar y ocupan los asientos
matemos al chofer
Y después vayamos por el dueño de la empresa
y colguémoslo también
como a Mussolini , ¡pero de las bolas!

Fragmento del poema Cómo te quiero Ko Ko
de Héctor Kalamicoy

Cuánta razón, Héctor. Cuánta razón cuando mirás para atrás y no hay nada. Los asientos ocupados. Y las miradas desconcertadas que piensan "¿pero no era que en la Terminal te venden hasta que se agotan los asientos?". Parece que hoy no. Cuánta razón, Hector, y miramos para el frente, buscamos al chofer y no hacemos nada. 

¿Cuándo vamos a rebelarnos? No será esta noche, para qué hacer quilombo. Si seguro que en la próxima parada se bajan un par y podemos sentarnos.

Cuánta razón tenías, Héctor, porque se subieron tres más. Y no se bajó nadie. Y los adolescentes sentados, con sus celulares escuchando música, reproduciendo videos y la señora con las bolsas repletas de pie, haciendo contorsiones en el pasillo estrecho, buscando sitio donde agarrarse. 

Cuánta razón, pensará la chica que desde el fondo del pasillo se abre paso a duras penas entre la gente, nerviosa, porque el colectivo está por arrancar de nuevo y va a perder su parada. Su valija golpea, se traba en los asientos, el pasillo aún no termina.

Cuánta razón, Héctor, porque el aire cada vez está más viciado, ya se mezclan los perfumes corporales, los ácaros amontonados en los asientos. Y pensás, cuánta razón, esta es la última vez. La próxima nos rebelamos.

Esa próxima que no llegará. Porque estás a pocos kilómetros de arribar a destino y se desocupó un asiento. Y no importa si el de al lado te ocupa la mitad, si vas enrollado como bicho bolita, si igual no tenés cinturón. Sentís que ese asiento te devuelve la dignidad que perdiste en dos tercios del viaje. Y te olvidás.

Cuánta razón tenés Héctor. Tanta razón que seguro este post podría abarcar más caracteres. Pero se hace tarde y tengo un colectivo que tomar. Debo darme prisa, no vaya a ser cosa que llegue sobre la hora y después tenga que viajar parada.